
Por Paul Murillo
Durante años, las organizaciones han centrado sus estrategias de talento en el desarrollo individual: planes de carrera, evaluaciones de desempeño y programas de capacitación diseñados para fortalecer a cada colaborador por separado. Sin embargo, la evidencia reciente muestra que el desempeño sostenido ya no depende únicamente de cuán capaces son las personas de forma aislada, sino de cuán capaces son los equipos de aprender, colaborar y adaptarse juntos.
Las capacidades colectivas se están convirtiendo en el verdadero motor de desempeño de las organizaciones que compiten en entornos digitales.
Desde una perspectiva organizacional, hablar de capacidades colectivas implica un cambio de unidad de análisis: dejar de mirar el talento como una suma de competencias individuales para entenderlo como una red de interacciones que produce resultados. En este enfoque, el desarrollo de habilidades tecnológicas y humanas deja de ser un proceso paralelo y se vuelve transversal, integrado a la forma en que los equipos trabajan día a día.
Ya no se trata de "capacitar" en un momento puntual, sino de instalar mecanismos permanentes de aprendizaje que aceleren la colaboración y sostengan resultados consistentes en el tiempo.
Diversos estudios regionales respaldan esta transición. El Foro Económico Mundial estima que una proporción significativa de los trabajadores en América Latina requerirá procesos de reskilling o upskilling antes de 2028 para mantenerse relevantes frente a la automatización y la inteligencia artificial (WEF, 2023). En paralelo, McKinsey señala que las organizaciones que desarrollan capacidades a nivel de equipo —y no solo a nivel individual— reportan mejoras notablemente superiores en productividad y velocidad de ejecución frente a aquellas que invierten exclusivamente en formación individual (McKinsey, 2023). Estos datos confirman que el aprendizaje aislado, por más sofisticado que sea, no se traduce automáticamente en desempeño organizacional si no existe una infraestructura colectiva que lo sostenga.
En Ecuador, diagnósticos empresariales recientes muestran una tendencia similar: mientras más del 70 % de las organizaciones invierte en programas de formación tecnológica, menos de la mitad logra integrar esas habilidades a la dinámica real de trabajo en equipo (Cámaras Empresariales del Ecuador, 2023). La brecha no está en la disponibilidad de contenidos de aprendizaje, sino en la capacidad organizacional de convertir el conocimiento individual en práctica colectiva.
Desde la psicología organizacional, esto se explica porque el aprendizaje solo se consolida cuando existen espacios de colaboración, retroalimentación y aplicación conjunta; sin esos espacios, las competencias adquiridas permanecen fragmentadas.
Las organizaciones que logran instalar capacidades colectivas de forma efectiva trabajan sobre cuatro pilares fundamentales:
Este enfoque resulta particularmente relevante en estructuras ágiles basadas en tribus y squads, donde el desempeño ya no se mide por el aporte individual, sino por la capacidad del equipo de aprender más rápido que sus competidores (Kniberg & Ivarsson, 2019). En estos modelos, la formación técnica —analítica de datos, automatización, inteligencia artificial— se combina de manera intencional con habilidades humanas como la comunicación, la negociación y el pensamiento crítico, generando equipos capaces de adaptarse a la velocidad que exige el negocio.
Este escenario posiciona nuevamente el rol de Talento Humano, que debe pasar de gestionar programas de capacitación aislados a diseñar ecosistemas de aprendizaje colectivo.
Su función se convierte en la de un integrador: conecta el desarrollo de habilidades técnicas y humanas con la dinámica real de los equipos, facilita espacios de colaboración y mide el impacto del aprendizaje no en horas de capacitación, sino en resultados de negocio sostenidos.
En conclusión, el desempeño organizacional del futuro no dependerá de cuántas competencias individuales acumule cada colaborador, sino de la capacidad colectiva de los equipos para aprender, colaborar y ejecutar de forma consistente. La transversalidad entre habilidades tecnológicas y humanas ya no es una opción estratégica: es la condición necesaria para competir en un entorno donde el aprendizaje colectivo se convierte en la ventaja competitiva más difícil de replicar.
Referencias: